IA y brecha tecnológica: retos para los sistemas educativos en México

La IA plantea desafíos éticos y sociales; el acceso desigual a Internet en México sigue siendo un obstáculo. La UNESCO promueve debates sobre educación y autonomía tecnológica en un mundo automatizado.

La incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) en los sistemas educativos debe ir más allá de un dominio técnico, considerando reflexiones críticas y éticas, afirmó Juan Carlos López García, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Según el académico, aunque las tecnologías digitales y la IA son ya parte del panorama global, en México aún persisten profundas brechas de acceso, uso y consumo, lo que refleja desigualdades estructurales en la apropiación tecnológica.

Durante una entrevista, López García destacó la importancia de la educación superior como espacio clave para analizar las implicaciones de estas tecnologías. “La universidad debe aportar claridad sobre los retos éticos y sociales que plantea la IA, tanto para la educación como para su relación con el entorno”, subrayó.

El especialista señaló que en México no existen indicadores suficientes para medir el grado de apropiación tecnológica de la población ni el alcance del uso de la IA. Según López García, es fundamental incorporar preguntas que permitan identificar qué tan extendida está la IA y cómo ha transformado los contextos educativos y sociales en el país.

La IA y la marginalidad tecnológica

El uso educativo de la IA, según el investigador, pone en evidencia dilemas éticos y desigualdades en el acceso a las tecnologías. En México, 20 por ciento de la población mayor de seis años no tiene acceso a Internet, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este panorama refleja una forma de marginalidad que impacta directamente el uso de tecnologías avanzadas como la IA.

A nivel global, 33 por ciento de la población sigue sin acceso a Internet, lo que evidencia una brecha significativa. Para López García, este déficit plantea la necesidad de considerar primero las condiciones de conectividad y acceso antes de hablar de un despliegue amplio de la IA en la educación.

“Cabe preguntarse si las poblaciones marginadas quedan rezagadas de los procesos educativos por no tener acceso a Internet y, por ende, a las tecnologías de la información. Y si es así, ¿cómo se les puede integrar?”, cuestionó el investigador.

Este retraso tecnológico implica una subrepresentación de quienes no están en el mundo digital, ya que sus realidades quedan fuera de los registros de datos captados por la IA. Según López García, esto refuerza patrones y estándares culturales que solo reflejan a los sectores con acceso a las Tecnologías de la Información (TI), lo que perpetúa exclusiones sociales.

Reflexión internacional: UNESCO y educación en la era de la IA

En este contexto, la UNESCO ha puesto el tema en el centro de su agenda para 2025, bajo el lema: Inteligencia artificial y educación: preservar la autonomía en un mundo automatizado. La organización promueve debates sobre cómo la educación puede dotar a las personas de herramientas para entender e influir en los avances tecnológicos.

López García coincidió en que estos debates son cruciales para abordar las implicaciones éticas de la IA y su impacto en los sistemas educativos. También subrayó la necesidad de evaluar si se comprende realmente cómo funcionan estas herramientas y hasta qué punto contribuyen o generan nuevas formas de exclusión.

Para el académico, el desafío es integrar de manera efectiva y ética las tecnologías digitales, considerando las desigualdades de acceso y consumo que aún persisten. Solo así podrá lograrse un uso equitativo de la IA en la educación.

 

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