La negociación comercial entre México y Estados Unidos tiene ahora una fecha política de referencia: el 3 de noviembre, cuando se celebrarán las elecciones legislativas estadounidenses.
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó el miércoles 28 de octubre que ambos gobiernos examinan la posibilidad de alcanzar un entendimiento antes de esa jornada. La declaración introduce un elemento nuevo en conversaciones que permanecen abiertas desde hace meses.
El martes, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, conversó con Howard Lutnick, secretario de Comercio estadounidense, y Jamieson Greer, representante comercial de Washington. La presidenta no informó cuáles fueron los resultados específicos de esos contactos. Tampoco anunció un acuerdo definitivo.
La diferencia entre avanzar en una negociación y modificar efectivamente las condiciones comerciales resulta fundamental para las empresas que dependen del mercado estadounidense.
México busca reducir los aranceles sobre automóviles, acero y aluminio. Esos sectores forman parte de cadenas productivas en las que empresas mexicanas, estadounidenses y canadienses comparten instalaciones, proveedores y procesos industriales. Las tarifas afectan los costos de operación y las decisiones de inversión.
El calendario electoral estadounidense introduce un incentivo político para anunciar avances, pero no modifica por sí mismo las obligaciones comerciales. Sheinbaum aclaró que el diálogo continuará después de las elecciones si no se alcanza un entendimiento antes.
La posición mexicana también está vinculada con la revisión del T-MEC. El tratado permanece vigente, aunque los gobiernos mantienen diferencias sobre reglas de origen, condiciones industriales y participación de proveedores externos.
En paralelo, el crecimiento de las exportaciones mexicanas muestra la importancia de conservar el acceso al mercado estadounidense. Las cifras publicadas por el INEGI el 27 de octubre indican que las exportaciones no petroleras dirigidas a Estados Unidos aumentaron 43.5 por ciento anual en septiembre.
Ese crecimiento no demuestra que las controversias arancelarias hayan desaparecido. Por el contrario, muestra el volumen de actividad económica expuesto a sus consecuencias.
El eventual acuerdo deberá examinarse a partir de sus disposiciones concretas. Hasta entonces, la fecha electoral representa una oportunidad política para los negociadores, no una garantía de solución.