Fusil de uso militar fue usado en el asesinato de Karla Bañuelos

El presunto feminicida portaba un AR-15, arma reservada para el Ejército. Expertas exigen indagar vínculos con el crimen organizado en Jalisco

En la escena del feminicidio de Karla Bañuelos, ocurrida la madrugada del 12 de julio en Guadalajara, hay un elemento que revela algo más que brutalidad personal: el arma. Kevin “N”, hoy vinculado a proceso, descendió de una camioneta blanca, abrió la cajuela y extrajo un fusil tipo AR-15, de uso exclusivo del Ejército mexicano. Con él, ejecutó a Karla frente a su hija de 12 años.

La violencia, aunque insoportable, no es nueva. Lo que resulta alarmante —y ha encendido alertas entre especialistas en seguridad— es la disponibilidad de un arma militar en manos de un civil sin credenciales, sin control, sin escrutinio. No se trató de un crimen pasional, ni de un “arrebato”. Fue una ejecución con un arma que no debería estar fuera del arsenal castrense.

La Fiscalía del Estado de Jalisco ha confirmado que Kevin “N” está siendo procesado bajo el delito de feminicidio y que se le impuso prisión preventiva por un año. El juez concedió seis meses para la investigación complementaria. La vinculación a proceso es un avance, pero no responde la pregunta de fondo: ¿cómo obtuvo el fusil?

“El uso del AR-15 nos habla de una violencia entrenada, militarizada, conectada con un mercado negro que prolifera con impunidad”, explica David Saucedo, analista en seguridad. “No cualquier agresor tiene acceso a un arma así, ni sabe usarla con tanta precisión. Este caso obliga a mirar más allá del individuo: hay estructuras detrás”.

En Jalisco, la presencia del Cártel Jalisco Nueva Generación no es un rumor: es una realidad territorial y logística. En municipios como Guadalajara, Tonalá o Tlajomulco, donde fue hallado el vehículo del agresor, se han documentado operaciones del crimen organizado, incluyendo tráfico de armas. Las expertas en violencia de género exigen que el feminicidio de Karla no sea analizado como un hecho aislado.

“El acceso a armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas revela que los feminicidas ya no actúan en solitario: se mueven en redes donde hay armas, impunidad, protección y cultura de poder”, sostiene Ana Pérez Garrido, abogada del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio. “Si no se investiga el origen del arma, este caso se va a leer a medias”.

El arma usada en el crimen fue clave para la fuga del agresor. En el video difundido ampliamente, se observa que Kevin “N” dispara al aire antes de apuntar a Karla. Ese gesto intimidatorio, característico en contextos de violencia criminal, sugiere una intención de control, de dominio público. El mensaje no era sólo para ella. Era para quienes se atrevieran a intervenir. Disparar al aire es un acto de poder.

Tras ejecutar a Karla, Kevin huyó en su camioneta. El vehículo fue localizado el 14 de julio, dos días después del crimen, en la colonia Hacienda Santa Fe del municipio de Tlajomulco de Zúñiga. Estaba abandonado. La detención se concretó en Tonalá, una semana más tarde. ¿Estuvo protegido? ¿Alguien lo encubrió? ¿Qué red facilitó su huida?

La presidenta Claudia Sheinbaum ha condenado el crimen y reiterado su compromiso con la lucha contra la violencia de género. Pero en su conferencia matutina no se mencionó el arma. Tampoco se ha informado si habrá una línea de investigación sobre el origen del fusil, su posible conexión con armerías ilegales o con grupos delictivos. Ese silencio preocupa.

En México circulan miles de armas ilegales, muchas provenientes del tráfico transfronterizo con Estados Unidos, otras desviadas de corporaciones nacionales. Pero el acceso a un AR-15 no es casual. Requiere contactos, logística y recursos. Kevin “N” no sólo asesinó: lo hizo con la confianza de quien se sabe armado y no perseguido.

“Es urgente que los feminicidios se investiguen también desde el ángulo del crimen organizado”, exige Pérez Garrido. “El machismo armado no es sólo cultural. Es logístico. Es político. Si no se investiga cómo un agresor obtuvo un fusil militar, se está dejando intacta la estructura que permitió el crimen”.

La detención del agresor es necesaria. La vinculación a proceso, obligatoria. Pero ninguna sentencia aislará este caso de su contexto si no se investiga el rastro del arma. Porque Karla no fue asesinada sólo por un hombre. Fue asesinada por una cultura que pone un fusil en manos del que no acepta un no.

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