“Los cuerpos han quedado completamente carbonizados dentro de esta escuela”, narró Alaa Kabej, palestino desplazado por los recientes ataques en Gaza. La declaración llega tras una nueva ofensiva de las fuerzas armadas israelíes que incluyó el bombardeo de un refugio escolar en el que dormían decenas de personas. La masacre, que dejó al menos 36 muertos, ha provocado una ola de indignación internacional y ha motivado una marcha sin precedentes desde El Cairo hacia la frontera de Rafah.
Del 12 al 20 de junio, más de 150 organizaciones civiles encabezarán una movilización con carácter humanitario. La ruta parte desde El Cairo, pasará por Al-Arish y culminará en el cruce de Rafah, donde permanecerán acampados durante tres días. Los convocantes esperan entre 2,500 y 3,500 personas solidarias con la causa palestina y defensoras de los derechos humanos.
Las organizaciones aclaran que no responden a ningún actor político y que su objetivo es claro: lograr que los organismos internacionales abran corredores humanitarios permanentes hacia Gaza. En este enclave viven más de dos millones de personas, muchas en condiciones críticas, sin acceso a alimentos, medicinas ni agua potable.
La marcha se inscribe en un contexto de alta tensión. Israel ha intensificado su ofensiva sobre el sur de Gaza, ordenando la evacuación de Jan Yunis y extendiendo su control sobre la zona. La presión internacional ha crecido, pero hasta ahora no ha logrado frenar las operaciones. El rechazo de Israel a la más reciente propuesta de alto al fuego —avalada por Hamás y presentada por Estados Unidos— ha dejado en suspenso cualquier avance diplomático.
Los organizadores insisten en que la movilización no busca confrontar a ningún gobierno, sino llamar la atención del mundo sobre una situación que califican de emergencia humanitaria. “Queremos ser testigos incómodos, cuerpos que caminan en nombre de los que no pueden hacerlo. Gaza no debe quedarse sola”, expresó una de las portavoces en una conferencia virtual.
La marcha hacia Rafah se convierte así en un acto de resistencia pacífica. Su objetivo no es solo llegar a la frontera, sino romper el cerco del silencio. Cada paso será una denuncia contra la guerra, cada carpa una exigencia de dignidad.