Los gobiernos de Brasil y Colombia manifestaron su inconformidad ante el trato recibido por migrantes deportados desde Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, destacando que las condiciones durante los traslados vulneraron los derechos humanos.
La cancillería brasileña anunció que solicitará explicaciones formales al gobierno estadounidense tras la llegada de un vuelo con 88 brasileños deportados a Manaos el viernes pasado. Según testimonios, los pasajeros estaban esposados y enfrentaron condiciones degradantes.
Testimonios de abusos
Edgar Da Silva Moura, técnico informático deportado tras siete meses detenido, declaró a la AFP: “No nos daban agua, íbamos amarrados de pies y manos, ni nos dejaban pasar al baño”. Agregó que el calor extremo provocó desmayos entre los pasajeros.
Otro migrante, Luis Antonio Rodrigues Santos, describió una “pesadilla” durante las cuatro horas de vuelo sin aire acondicionado debido a problemas técnicos, los cuales también afectaron una turbina.
La ministra de Derechos Humanos de Brasil, Macaé Evaristo, indicó que entre los deportados había niños con autismo y personas con discapacidades, quienes sufrieron condiciones especialmente graves.
Medidas del gobierno brasileño
El Ministerio de Justicia de Brasil instruyó retirar inmediatamente las esposas de los deportados al llegar a territorio nacional y repudió el “flagrante desprecio a los derechos fundamentales”. Imágenes difundidas por la televisión local mostraron a algunos pasajeros descendiendo del avión esposados y con los tobillos atados.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ordenó que una aeronave de la Fuerza Aérea Brasileña trasladara a los deportados a sus destinos finales. El vuelo partió el sábado a las 21:10, hora local, hacia Belo Horizonte.
Colombia responde con firmeza
En paralelo, el presidente colombiano, Gustavo Petro, informó que negó la entrada a aviones militares estadounidenses con migrantes deportados. Petro advirtió que solo aceptará vuelos civiles bajo condiciones que respeten la dignidad humana.
“Un migrante no es un delincuente y debe ser tratado con la dignidad que un ser humano merece. Por eso hice devolver los aviones militares estadounidenses que venían con migrantes colombianos”, expresó en su cuenta de X.
Primer episodio de tensión
Estas acciones marcan un primer momento de tensión entre los gobiernos de Lula da Silva, de orientación izquierdista, y Donald Trump. Ambas administraciones han subrayado la importancia de garantizar los derechos humanos y el respeto a los migrantes deportados.
Las autoridades brasileñas y colombianas reafirmaron que la dignidad y los derechos fundamentales son valores innegociables en sus políticas migratorias