La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo afirmó que sectores de la derecha internacional buscan intervenir en la elección presidencial de México de 2030, aunque deslindó de esa postura directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. “La derecha internacional sí. Sí quiere intervenir, pues lo hemos estado denunciando permanentemente”, respondió cuando le preguntaron si veía ese riesgo después de la primera vuelta presidencial de Brasil.
Sheinbaum precisó que su señalamiento apunta a grupos dentro de la administración estadounidense. “Yo he dicho que no necesariamente es el presidente, pero hay grupos muy de derecha en ese gobierno que no quieren a México y que no quieren a los pueblos. Y que buscan que cambie el gobierno”, declaró. Frente a esa posibilidad, sostuvo que la defensa política de su proyecto depende del respaldo interno: “Aquí la única defensa es el pueblo. La única”.
La discusión surgió después de que Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, obtuvo 47.03 por ciento de los votos válidos en Brasil, frente a 45.16 por ciento del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Ninguno superó la mitad de los sufragios válidos y ambos disputarán la segunda vuelta el 25 de octubre, según el Tribunal Superior Electoral brasileño. Sheinbaum evitó pronunciarse sobre el resultado: “Hay que esperar la segunda vuelta y una vez que termine todo el proceso, ya podré opinar”.
Ante la posibilidad planteada durante la conferencia de que un triunfo de Bolsonaro reduzca los aliados políticos de México en América Latina, la presidenta rechazó construir la posición mexicana a partir del mapa ideológico regional. “Nuestro principal aliado es el pueblo de México. Mientras estemos cerca del pueblo, representando al pueblo y gobernando por el pueblo y para el pueblo, no va a haber problema”, afirmó. Después definió a la derecha mexicana como una corriente que, desde su perspectiva, defiende intereses económicos y reproduce desigualdad, clasismo y racismo.
Sheinbaum también descartó asumir un papel en la reorganización de las fuerzas progresistas latinoamericanas. Dijo que esa tarea corresponde a partidos políticos y otros espacios, mientras su responsabilidad está en México. El resultado brasileño deja abierta la definición hasta el 25 de octubre: Flávio Bolsonaro llegó primero a la segunda vuelta con una ventaja de menos de dos puntos porcentuales sobre Lula. Para el gobierno mexicano, la disputa regional abrió otra discusión: la posible presión política extranjera sobre la sucesión presidencial de 2030.