Nos mataron a Carlota: tres psiquiatras disputan el poder entre risas y crímenes

  • Juan Carlos Vives escribe, dirige y protagoniza una comedia donde tres psiquiatras compiten por dirigir un hospital tras el asesinato de su principal candidata. La obra convierte la ambición, la corrupción y la impunidad en una disputa donde nadie parece conservar la cordura.

Tres psiquiatras sospechosos de un asesinato, una dirección hospitalaria vacante y una competencia donde cualquier maniobra parece permitida son los ingredientes de Nos mataron a Carlota, farsa cómica escrita y dirigida por Juan Carlos Vives que se presenta en el Teatro El Milagro, en la Ciudad de México, con una temporada de 24 funciones del 8 de octubre al 15 de noviembre de 2026.

La propuesta de Búho Grande Teatro y La Más Alta Producciones utiliza el humor absurdo para explorar una contradicción: los médicos encargados de atender la salud mental de sus pacientes exhiben comportamientos dominados por la ambición, el miedo y la necesidad de controlar a los demás. La disputa por dirigir el hospital termina por revelar que la autoridad profesional no garantiza sensatez ni integridad.

La historia comienza con el asesinato de la doctora Carlota, quien era la única persona en condiciones de asumir la dirección general del hospital psiquiátrico. Su muerte deja vacante el puesto y abre una competencia entre tres médicos con antecedentes oscuros, dispuestos a aprovechar la ausencia de su principal contendiente.

El conflicto adquiere otra dimensión cuando los psiquiatras descubren que ellos mismos están implicados en el crimen. En lugar de esclarecerlo, acuerdan responsabilizar a tres pacientes internos, una decisión que convierte a quienes deberían proteger a los enfermos en responsables de una maniobra para asegurar su propia impunidad.

La investigación del asesinato queda entonces subordinada a la lucha por el cargo. La institución que tendría que garantizar atención y cuidado se transforma en un espacio donde la autoridad sirve para manipular, fabricar culpables y eliminar obstáculos.

Una comedia sobre la ambición y la corrupción

Mauricio Pimentel interpreta al doctor Aranzanova; Rodrigo Vázquez encarna al doctor Rivascalzoni; y Juan Carlos Vives da vida al doctor Moraluengas. Los tres construyen una confrontación donde las alianzas, las traiciones y las acusaciones modifican continuamente las posibilidades de alcanzar la dirección del hospital.

La dramaturgia recurre a situaciones absurdas, cambios de personaje y enfrentamientos verbales para exhibir los mecanismos de una competencia que pierde cualquier límite ético. La comicidad nace de la distancia entre la autoridad que los médicos pretenden representar y las decisiones que toman para conseguir sus objetivos.

Aunque la historia permite reconocer comportamientos asociados con la política y las disputas institucionales, Vives evita identificar a sus protagonistas con personajes públicos concretos. La obra aborda conductas que pueden aparecer en cualquier organización donde la conquista del poder termina imponiéndose sobre las responsabilidades de quienes lo ejercen.

La corrupción, la manipulación mediante el miedo y la eliminación del adversario forman parte de una historia que encuentra en el hospital psiquiátrico un espacio para exhibir la fragilidad de las reglas cuando quienes deben cumplirlas descubren que pueden utilizarlas en beneficio propio.

Para Vives, el humor permite abordar esa contradicción sin convertir la representación en una exposición moral. El dramaturgo define su propuesta como: “Una obra que nos hará reír, aunque no sepamos exactamente de qué… o de quiénes…”

Un hospital deteriorado para una autoridad sin límites

El montaje incorpora el deterioro institucional a su propuesta escénica. Patricia Gutiérrez diseñó una escenografía que representa un hospital afectado por la humedad, el abandono y la falta de mantenimiento, condiciones que acompañan el progresivo descontrol de sus protagonistas.

El vestuario de Lissete Barrios presenta personajes descuidados, mientras la iluminación de Sara Alcantar altera las referencias habituales entre el día y la noche. Jorge Valdivia firma el diseño sonoro y Bernardo Kasis Galán participa como asistente de dirección.

La propuesta exige a sus intérpretes precisión corporal y vocal, cambios de personaje y dominio de un lenguaje deliberadamente absurdo. La velocidad de los enfrentamientos sostiene una comedia donde los protagonistas intentan conservar una apariencia de autoridad mientras sus decisiones exhiben exactamente lo contrario.

Búho Grande Teatro, agrupación con casi dos décadas de trayectoria en la escena independiente mexicana, desarrolla esta producción junto con La Más Alta Producciones. El proyecto cuenta con el apoyo del Estímulo Fiscal EFITEATRO.

La locura de quienes pretenden gobernar

Juan Carlos Vives considera que la historia encuentra resonancia en la percepción de una sociedad donde las contradicciones y los comportamientos extremos parecen haberse normalizado. La obra utiliza esa sensación para construir una comedia que no necesita reproducir acontecimientos políticos específicos.

“No conocemos a nadie que no perciba la vida actual como algo desquiciado, loco, sin pies ni cabeza, sin rumbo, lleno de enajenación, fuera de toda realidad. La obra habla de la brújula que ya perdimos, de que algo anda mal en la azotea, de que algo perdió un tornillo…”, señala el dramaturgo.

La puesta no pretende ofrecer una solución a los conflictos que representa. Su apuesta consiste en colocar al público frente a personajes capaces de justificar cualquier decisión cuando consideran que su recompensa será suficiente.

El asesinato de Carlota termina siendo mucho más que el detonante de una investigación criminal. Su desaparición permite observar cómo una institución puede quedar sometida a los intereses de quienes compiten por dirigirla, incluso cuando sus decisiones contradicen la responsabilidad que dicen defender.

En Nos mataron a Carlota, la pregunta no es únicamente quién cometió el asesinato, sino quién tiene autoridad para declarar locos a los demás cuando los responsables del hospital son capaces de culpar a sus propios pacientes para quedarse con el poder.

 

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