México defiende su soberanía ante las presiones de Estados Unidos

Roberto Velasco sostuvo ante el Senado que la cooperación con Washington no implica subordinación. El canciller presentó resultados en seguridad, protección consular y comercio, mientras la dependencia económica y la política migratoria estadounidense ponen a prueba la capacidad de decisión de México.

La relación con Estados Unidos concentra la principal disputa de la política exterior mexicana: cooperar con su socio económico más importante sin ceder capacidad de decisión sobre seguridad, migración y asuntos internos. El secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, defendió ante el Senado la estrategia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y sostuvo que la soberanía nacional constituye el límite de cualquier acuerdo bilateral.

“Ante la presión, serenidad. Ante la provocación, principios. Ante la incertidumbre, resultados. Ese es el método de la diplomacia mexicana”, afirmó Velasco durante su comparecencia del 14 de octubre, correspondiente al análisis del Segundo Informe de Gobierno. La declaración resume una posición que busca mantener abiertos los canales de negociación con Washington sin aceptar que la cooperación equivalga a subordinación política.

El canciller sostuvo que la relación bilateral descansa en cuatro principios: respeto a la soberanía y la integridad territorial, responsabilidad compartida y diferenciada, confianza mutua y cooperación sin subordinación. La formulación reconoce que ambos países comparten problemas de seguridad, pero también que sus responsabilidades, recursos e intereses no son idénticos.

La posición mexicana enfrenta una dificultad estructural: la profunda integración económica entre ambos países concede a Estados Unidos una considerable capacidad de presión. México puede defender jurídicamente sus decisiones soberanas, pero necesita negociar sus consecuencias comerciales, financieras y migratorias con un socio del que depende buena parte de su intercambio internacional.

Seguridad: cooperación sin intervención

Velasco presentó la seguridad como uno de los principales terrenos donde el gobierno mexicano busca demostrar que la colaboración produce resultados sin renunciar al control de sus instituciones. Según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos citadas por el canciller, los decomisos mensuales de fentanilo en la frontera sur estadounidense disminuyeron 67 por ciento entre octubre de 2024 y agosto de 2026.

El funcionario agregó que los encuentros migratorios irregulares en la frontera norte mexicana cayeron 97 por ciento respecto de su máximo de 2023. Ambas cifras forman parte del balance presentado por la Cancillería, aunque sus variaciones no permiten atribuir todos los cambios exclusivamente a las acciones del gobierno mexicano.

Velasco también informó que México capturó a cinco personas incluidas en la lista de los diez fugitivos más buscados por el FBI y retiró de circulación más de 35 mil armas de fuego. Los resultados fueron presentados como evidencia de cooperación institucional, en una relación donde el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y el de armas hacia México constituyen responsabilidades que atraviesan la frontera.

El canciller insistió en que la colaboración internacional en seguridad debe canalizarse mediante las instituciones competentes y las vías legales correspondientes. Esa condición es central para el gobierno de Sheinbaum, porque establece una diferencia entre intercambiar información y permitir que autoridades extranjeras ejerzan facultades reservadas al Estado mexicano.

La protección consular pone a prueba la diplomacia

La situación de los mexicanos en Estados Unidos representa otro límite de la relación bilateral. Velasco informó que la red consular atendió 152 mil 466 casos de protección durante 2026 y efectuó 9 mil 632 visitas a centros de detención migratoria, con un promedio reportado de 36 visitas diarias.

Ante denuncias relacionadas con mexicanos lesionados o fallecidos bajo custodia de autoridades estadounidenses o durante operativos migratorios, la Secretaría de Relaciones Exteriores envió 16 notas diplomáticas al Departamento de Estado y presentó 20 denuncias ante las fiscalías encargadas de las investigaciones.

Estas acciones muestran las posibilidades y restricciones de la intervención consular. México puede brindar asistencia, exigir explicaciones, promover investigaciones y acompañar jurídicamente a sus ciudadanos, pero las decisiones sobre detenciones y procedimientos judiciales permanecen bajo jurisdicción estadounidense.

La defensa de los connacionales adquiere así una dimensión política que supera la atención administrativa. Cada denuncia obliga a la Cancillería a negociar con instituciones de otro Estado y a demostrar que la protección consular puede traducirse en resultados, incluso cuando no controla directamente las decisiones de esas autoridades.

Velasco también destacó que las Ventanillas de Salud beneficiaron a más de un millón y medio de personas y que se distribuyeron 45 mil 326 tarjetas Finabien gratuitas para facilitar el envío de remesas. Son instrumentos de atención que vinculan la política exterior con necesidades concretas de comunidades mexicanas fuera del territorio nacional.

Diversificación económica frente a la dependencia estadounidense

La revisión del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá representa otro desafío para la autonomía diplomática. La integración productiva norteamericana abre oportunidades de inversión y exportación, pero también expone a México a decisiones comerciales adoptadas en Washington.

Velasco informó que las representaciones mexicanas facilitaron inversiones por más de mil 500 millones de dólares y desplegaron 700 acciones de promoción económica. La Cancillería busca que su intervención diplomática también contribuya a abrir mercados y respaldar las negociaciones comerciales.

La relación con la Unión Europea forma parte de esa estrategia. El canciller destacó la modernización del acuerdo bilateral y el anuncio de la Comisión Europea para movilizar cinco mil millones de euros destinados a proyectos estratégicos en México. La ampliación de vínculos internacionales puede diversificar las oportunidades del país, aunque los compromisos anunciados no equivalen automáticamente a inversiones ya desembolsadas.

La diversificación responde a un problema histórico de la economía mexicana: la concentración de sus relaciones comerciales en el mercado estadounidense. Ampliar acuerdos con Europa, Asia y otras regiones puede mejorar el margen de negociación, pero modificar una dependencia construida durante décadas exige también capacidad industrial, infraestructura y decisiones de inversión.

La soberanía debe traducirse en decisiones

El canciller incorporó a su balance la revisión de las condiciones laborales del Servicio Exterior Mexicano, presentada como la primera en 26 años. Informó que la actualización de honorarios beneficiará a mil 231 personas que trabajan en 68 representaciones diplomáticas, algunas de las cuales acumulaban hasta 18 años sin ajustes.

También anunció que las convocatorias de ingreso a la rama técnico-administrativa incorporarán las lenguas maya, mixteca, náhuatl y zapoteca. La medida busca ampliar la capacidad de atención a mexicanos de origen indígena en Estados Unidos, una población que puede enfrentar barreras lingüísticas adicionales al acudir a los servicios consulares.

La política exterior expuesta por Velasco combina principios constitucionales, cooperación en seguridad, protección migratoria y promoción económica. Cada componente plantea una negociación distinta sobre los recursos y facultades que México puede ejercer frente a otros Estados, particularmente Estados Unidos.

Al concluir su comparecencia, el canciller reivindicó que la soberanía y el interés nacional no se negocian ni se subordinan. La afirmación establece el compromiso político del gobierno de Sheinbaum, pero su alcance deberá medirse mediante los acuerdos alcanzados, las condiciones que México acepte y las decisiones que consiga preservar bajo su propia jurisdicción.

La soberanía no se pierde por dialogar con una potencia. Se pone a prueba cuando esa potencia exige algo que México no está dispuesto a conceder.

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