Una generación pasó parte de su infancia frente a una pantalla, lejos de sus compañeros y de las conversaciones que suelen ocurrir en un salón de clases. En Chiapas, Claudia Sheinbaum recuperó esa experiencia para hablar con estudiantes de un problema que no terminó cuando reabrieron las escuelas: cómo reconocer y expresar las emociones.
Durante un encuentro con jóvenes en Chiapa de Corzo, la presidenta recordó que muchos cursaron los últimos años de primaria durante la pandemia de COVID-19. Las clases desde casa, la imposibilidad de jugar con amigos y la reducción de la convivencia escolar marcaron una etapa de su crecimiento.
Sheinbaum vinculó ese aislamiento con la necesidad de prestar atención a la salud emocional de niñas, niños y adolescentes. También se refirió a las horas dedicadas a las pantallas y a las redes sociales, espacios que ocupan una parte importante de la vida cotidiana de los estudiantes.
El planteamiento no se limitó a pedir menos tiempo conectado. La presidenta habló de ansiedad, relaciones personales y de la importancia de que los jóvenes tengan espacios para expresar lo que sienten, escuchar a otros y pedir ayuda cuando la necesitan.
En ese marco presentó el programa «El ABC de las emociones», dirigido a abrir conversaciones sobre bienestar emocional en las escuelas y en los hogares. El material contempla orientaciones para estudiantes, docentes y familias, además de actividades de acompañamiento.
La propuesta coloca a las escuelas ante una tarea que rebasa las materias tradicionales: acompañar a quienes atravesaron el aislamiento en una edad decisiva para aprender a convivir. Sin embargo, el alcance de las guías dependerá de su aplicación, de la preparación de los docentes y de los mecanismos disponibles para atender casos que requieran apoyo especializado.
El discurso en Chiapas dejó una distinción importante. Reconocer el efecto que tuvo la pandemia en la convivencia juvenil no significa atribuir automáticamente a las redes sociales todos los problemas de salud mental. La relación entre hábitos digitales, aislamiento y bienestar requiere atención y evidencia, además de escucha.
Para los estudiantes que vivieron las aulas vacías, la conversación sobre emociones llega después de haber regresado a clases. La pregunta ahora es si las escuelas contarán con tiempo, personal y recursos suficientes para sostenerla.