México busca ampliar su capacidad de decisión dentro de la industria tecnológica mediante el desarrollo de proveedores nacionales de semiconductores y la formación de personal especializado, dos iniciativas que apuntan a modificar su participación en cadenas productivas internacionales dominadas por empresas con un elevado control del conocimiento, el diseño y la fabricación de componentes electrónicos.
La Secretaría de Economía acordó con la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti) convocar a empresas del sector para identificar proyectos susceptibles de desarrollarse en territorio mexicano, así como las dificultades que enfrentan los proveedores interesados en incorporarse a esta industria.
Luis Enrique Vázquez Rodríguez, director general de Industrias Pesadas y de Alta Tecnología de la Secretaría de Economía, explicó durante la Convención Nacional de Canieti que las oportunidades comprenden distintas etapas de producción, desde el diseño y validación de circuitos integrados hasta las pruebas y el empaquetado de componentes.
La diferenciación entre estas actividades es importante porque la industria de semiconductores no constituye un proceso productivo único. Cada segmento requiere inversiones, infraestructura, conocimientos y proveedores especializados, de manera que una política industrial debe considerar las necesidades particulares de cada actividad.
El acuerdo entre Economía y Canieti tiene como antecedente una reunión celebrada el 13 de octubre, en la que ambas partes abordaron las posibilidades de desarrollar proyectos y fortalecer la participación de empresas mexicanas en las cadenas de suministro.
La dependencia federal busca conocer qué compañías tienen capacidad o interés para incorporarse a estas actividades y cuáles son los obstáculos que limitan su desarrollo. El objetivo es que las inversiones tecnológicas generen oportunidades para proveedores establecidos en México.
Esta estrategia forma parte de una discusión más amplia sobre el lugar que ocupa el país en la división internacional del trabajo. Participar en el ensamble de productos electrónicos no equivale necesariamente a controlar su diseño, los conocimientos necesarios para producirlos o los componentes de mayor valor agregado.
La Secretaría de Economía participa también en los trabajos del plan nacional de semiconductores coordinado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. La articulación entre política industrial, investigación y empresas será determinante para establecer qué segmentos de producción pueden desarrollarse efectivamente en México.
La Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), encabezada por José Antonio Peña Merino, presentó una estrategia paralela de formación especializada vinculada con las necesidades de contratación de las empresas tecnológicas.
El programa cuenta con una segunda generación de 32 mil estudiantes inscritos, de los cuales 25 mil permanecían activos al momento de la Convención Nacional de Canieti. La meta institucional es certificar al menos a 20 mil participantes.
La primera generación consiguió certificar a casi 3 mil 300 personas, frente a una meta de 4 mil. Esta diferencia muestra que la inscripción en programas de formación no garantiza por sí sola la conclusión de los estudios ni la obtención de certificaciones.
Peña Merino explicó que el diseño de los cursos parte de consultas con las empresas para identificar las habilidades que requieren en sus procesos de contratación. La iniciativa involucra a 16 compañías tecnológicas y contempla acompañamiento académico público.
El vínculo entre capacitación y necesidades empresariales busca facilitar la incorporación de trabajadores al mercado tecnológico. Sin embargo, la disponibilidad de personal especializado constituye solamente una de las condiciones necesarias para ampliar la industria: también se requieren inversiones, infraestructura y capacidad de investigación.
La apuesta mexicana se desarrolla en un mercado donde los semiconductores tienen importancia estratégica para las telecomunicaciones, la industria automotriz, los centros de datos y los sistemas de inteligencia artificial.
La cuestión de fondo no es únicamente cuántos especialistas puede formar México, sino qué capacidad tendrán las empresas y las instituciones nacionales para participar en las decisiones tecnológicas, capturar valor y desarrollar conocimiento propio dentro de esa industria.