Una disputa verbal entre representantes de Estados Unidos y China abrió una pregunta para México: hasta dónde puede conservar relaciones económicas con ambas potencias mientras Washington y Pekín disputan influencia. Claudia Sheinbaum rechazó que el gobierno mexicano deba incorporarse a ese enfrentamiento.
La consulta surgió el 4 de noviembre por declaraciones atribuidas al embajador estadounidense Ronald Johnson sobre los intereses chinos en la frontera mexicana y por la respuesta de la embajada china. La presidenta no respaldó la acusación de una representación contra la otra.
“Tenemos muy buena relación con China y tenemos buena relación, muy buena relación también con el gobierno de Estados Unidos”, contestó Sheinbaum. Su respuesta separó el desacuerdo diplomático de los vínculos económicos que México mantiene con ambos países.
El punto decisivo es la diferencia entre comerciar e integrar una región productiva. Con Estados Unidos y Canadá existe un tratado de libre comercio; con China no. Esa distinción determina reglas diferentes para importaciones, inversiones y acceso a mercados.
La presidenta recordó que empresas chinas participan en la economía mexicana y que fabricantes estadounidenses instalados en el país también utilizan componentes importados de China. El intercambio con Pekín no es una actividad ajena a la producción norteamericana.
La política comercial mexicana, sin embargo, también incluye restricciones. Sheinbaum defendió los incrementos arancelarios anunciados en diciembre de 2025 para determinados productos importados, al explicar que buscaban proteger bienes fabricados en México frente a mercancías de menor precio. Presentó esa decisión como parte del Plan México, no como una exigencia estadounidense.
El contraste entre relaciones es visible en la agenda exterior: México mantiene la negociación del T-MEC con Washington y, al mismo tiempo, preserva los canales diplomáticos y comerciales con Pekín. La presidenta no anunció una ruptura ni un nuevo acuerdo comercial con China.
La consecuencia inmediata es una definición de límites. México no renuncia al intercambio con China, pero tampoco modifica la prioridad que representa América del Norte. La presión diplomática continúa sin que el gobierno haya aceptado convertirla en una elección pública entre las dos potencias.