Viaje a China exhibe límites comerciales de México

  • La presidenta Claudia Sheinbaum prevé permanecer apenas dos días en China durante la cumbre de APEC. Su visita ocurre entre tensiones arancelarias y expectativas moderadas de inversiones, mientras México busca ampliar su relación con Asia sin comprometer sus negociaciones comerciales con Estados Unidos.

El viaje de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a China, previsto para el 18 y 19 de noviembre, tendrá una agenda limitada y expectativas moderadas de inversión, en medio de las diferencias comerciales entre ambos países y de las negociaciones de México con Estados Unidos. La mandataria confirmó el viernes 16 de octubre que permanecerá aproximadamente dos días en territorio chino y regresará antes del desfile de la Revolución Mexicana.

Durante su conferencia matutina, Sheinbaum explicó que el traslado aéreo contempla alrededor de 36 horas y que su estancia deberá ajustarse para permitirle regresar a México antes del 20 de noviembre. La duración del viaje deja poco margen para una agenda empresarial amplia, aunque no descarta encuentros diplomáticos durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se celebrará en Shenzhen.

La visita también enfrenta un escenario comercial complicado. Empresarios consultados para la información que dio origen a esta cobertura anticipan pocos anuncios de inversión y consideran que las diferencias arancelarias reducen las posibilidades de alcanzar acuerdos de gran alcance durante la estancia presidencial.

La presencia de Sheinbaum responde principalmente a un compromiso diplomático: México será anfitrión de APEC en 2028. La presidencia busca asegurar su participación en el foro, aunque las condiciones comerciales hacen que los resultados económicos inmediatos sean inciertos. Dos días en China y una agenda todavía por definirse

La decisión de acudir a Shenzhen fue anunciada el 23 de septiembre. Sheinbaum explicó entonces que México debía estar representado al más alto nivel por su próxima responsabilidad como país anfitrión.

El 25 de septiembre, ante una pregunta sobre la posibilidad de reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, la mandataria admitió que todavía no existía una definición.

“Todavía no llegamos hasta ese punto”, respondió. Agregó que la agenda de reuniones con otros mandatarios sería anunciada posteriormente.

El 5 de octubre ofreció más detalles sobre la logística. Explicó que pretendía viajar en un vuelo comercial, acompañada de tres o cuatro funcionarios, principalmente de las secretarías de Economía y Relaciones Exteriores.

“Sí, tengo mucho interés en ir a la APEC, porque nos toca, al siguiente nos toca a nosotros. Entonces, es importante tener presencia”, sostuvo durante aquella conferencia. También señaló que sería su primera visita a China.

La información presentada el viernes 16 de octubre confirmó que la prioridad sigue siendo una visita corta. El compromiso presidencial con el desfile del 20 de noviembre condiciona los tiempos disponibles para encuentros de alto nivel, justo cuando la relación bilateral atraviesa diferencias por el acceso a mercados.

Aranceles y presión estadounidense complican la negociación

La relación entre México y China enfrenta medidas comerciales que afectan directamente a productores y empresas de ambos países.
China impuso un arancel de 51.6 por ciento a la nuez pecana mexicana, una medida que encarece las exportaciones nacionales hacia ese mercado. México, a su vez, ha aplicado aranceles de hasta 35 por ciento a determinados productos textiles procedentes del país asiático.

Estas decisiones reflejan una relación económica marcada por intereses contrapuestos. Para los exportadores mexicanos, las barreras comerciales reducen oportunidades de venta. Para las empresas chinas, los gravámenes mexicanos elevan el costo de colocar mercancías en el mercado nacional.

El contexto es especialmente delicado porque México mantiene una integración productiva mucho mayor con Estados Unidos y Canadá a través del T-MEC. Las decisiones sobre mercancías chinas tienen consecuencias para sectores industriales vinculados con las cadenas de suministro norteamericanas.

La revisión del acuerdo comercial con Washington añade presión a las decisiones mexicanas. El gobierno de Sheinbaum necesita proteger su relación con Estados Unidos sin cerrar las posibilidades de inversión, abastecimiento tecnológico y cooperación industrial con China.

La disputa también tiene una dimensión fiscal. Las proyecciones citadas en la información de origen calculan ingresos por impuestos a las importaciones de 254 mil 757 millones de pesos para 2026, con un aumento de 62 por ciento. Aunque la recaudación representa recursos para Hacienda, el mayor costo de introducir mercancías puede trasladarse a empresas y consumidores.

China busca acercamientos; empresarios esperan resultados

Pese a las diferencias comerciales, Pekín mantiene abiertos los canales diplomáticos con México.
Sheinbaum informó el 25 de septiembre que el canciller mexicano había viajado recientemente a China y sostenido conversaciones con su homólogo sobre comercio y otros puntos de la relación bilateral. La presidenta también mencionó la apertura de un nuevo consulado mexicano en territorio chino.

Estos contactos muestran que las diferencias arancelarias no han interrumpido la comunicación entre ambos gobiernos. Sin embargo, la existencia de conversaciones diplomáticas no equivale a compromisos de inversión confirmados.

La industria de electromovilidad representa una posible área de acercamiento. China posee una importante capacidad de fabricación de vehículos eléctricos, baterías y componentes, mientras México dispone de una industria automotriz integrada al mercado norteamericano.

Cualquier proyecto de esa naturaleza enfrentaría decisiones sobre reglas de origen, contenido regional y acceso al mercado estadounidense. Por eso, el interés industrial no garantiza que la visita presidencial concluya con anuncios concretos.

APEC reunirá a representantes de 21 economías de Asia y el Pacífico. La agenda incluye discusiones sobre comercio, integración económica y las tendencias proteccionistas que han ganado terreno en distintos países. México tendrá además la oportunidad de preparar su participación como anfitrión de la cumbre de 2028.

Para Sheinbaum, Shenzhen representa una oportunidad diplomática que llega en un momento de tensiones económicas. Su presencia permitirá mantener interlocución con China y otros socios del Pacífico, pero los empresarios no esperan que una estancia de aproximadamente 48 horas resuelva las diferencias comerciales acumuladas.

La verdadera prueba del acercamiento estará en lo que ocurra después: si los contactos diplomáticos se convierten en negociaciones sobre aranceles, proyectos industriales y condiciones de inversión, sin abrir un nuevo frente de conflicto con Estados Unidos.

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